Cartografías del Espíritu
Al igual que los vestidos, la serie de mandalas que conforman esta exposición está imbuida de varias capas de significación que se perciben no sólo a través de la vista, sino también del oído, tacto y olfato. Se trata de ocho piezas, siete de las cuales aluden a los chakras o centros energéticos del cuerpo humano, y una, de mayor tamaño, que representa el principio de lo sagrado femenino que se encarna por igual en hombres y mujeres.
Los mandalas que aquí presenta Irma Sofía Poeter son mucho más que una simple forma circular, son representaciones de modelos estructurales de la vida misma. Acordes a los preceptos formales de armonía y equilibrio, esta serie de collages bordados no sólo transmite un efecto de paz, sino que también invita a pensar en esa realidad que se extiende tanto hacia adentro como hacia fuera de todo ser, pues cada pieza alude tanto al micro como al macrocosmos. Es por esto que estas imágenes caleidoscópicas pueden leerse como cartografías que trazan las coordenadas de una pequeña célula o bien, del universo mismo.
La serie de mandalas, creados a partir de retazos de telas de distintas texturas, proveniencias y gamas de colores, conduce también a la reflexión sobre una propuesta estética claramente incluyente y “femenina”. Y es que, en cada uno, Irma Sofía logra que convivan de manera orgánica credos, ideologías, culturas, formas y materiales de alrededor del mundo, gracias a la técnica del bordado. En este sentido, el que la artista recurra a ella en sus creaciones—aunque suela considerarse fuera de los confines del arte por ser identificada como una actividad menor, doméstica, artesanal y “femenina”—es un acto simbólico a través del cual revalora y eleva el principio femenino que habita en todo ser humano.
Así, tejiendo patrones con conceptos, ideas y símbolos que, a partir de la lógica patriarcal, parecieran irreconciliables, el arte de Irma Sofía, a través de una estética y una espiritualidad personalísimas, da cuenta de cómo el diálogo con diversas tradiciones populares, culturales y formales no puede sino resultar sanador.
Adriana Martínez Noriega



















